
El denominado "mal de la vejez" es, en gran parte, consecuencia de la falta de motivaciones y no de la edad. Dejarse morir, ser viejo, está relacionado directamente con una vida carente de sentido y, a la inversa, los ancianos rejuvenecen si hay razones afectivas. Grodsinsky, presidente de la Asociación de Instructores Caninos, recomienda una cura casi infalible: tener un perro. Y se remite a las pruebas. En Tallahassee, Florida, EE.UU., la psicoterapeuta Mary Burch intentaba sacar del autismo al pequeño Jason, de cuatro años, mudo, hijo de una mujer cocainómana. No se resignaba al hecho de que, por puro determinismo de la adicción de su madre, estuviera privado de palabra. Y en sólo ocho meses el chico se hallaba en condiciones de ir al jardín de infantes y jugar con los demás…